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Cuando cada provincia tuvo su propio “dinero” (y no, no fue invento del 2001)

Cuando se habla de las cuasimonedas del 2001 —Patacones, Bocades, Lecop y compañía— suele decirse que fue una locura única, algo que nunca había pasado antes en la Argentina.

Spoiler:
ya había pasado. Dos veces.

Las provincias argentinas emitieron instrumentos que circularon como dinero:

  • a fines del siglo XIX
  • durante la hiperinflación de los años 80
  • y nuevamente en 2001

Lo único que fue cambiando fue el nombre… y la moneda.


Letras provinciales: pesos que no salían de la Nación

A fines del siglo XIX y principios del XX, muchas provincias emitieron Letras de Tesorería Provinciales.

Estas letras:

  • estaban expresadas en pesos
  • eran emitidas por los gobiernos provinciales
  • prometían pago futuro
  • se aceptaban para cancelar impuestos
  • y circulaban dentro de la economía local

Legalmente eran deuda pública provincial.
En la práctica, eran dinero.

Con ellas se pagaban sueldos, proveedores y servicios, y pasaban de mano en mano como cualquier billete.


 

¿Por qué las provincias tuvieron que emitirlas?

Porque la Argentina todavía estaba construyendo su sistema monetario.

Entre 1880 y 1910:

  • no existía el Banco Central
  • el sistema bancario era débil y fragmentado
  • la moneda no llegaba de forma regular al interior

Buenos Aires concentraba gran parte del circulante.
Las provincias tenían gastos… pero no siempre tenían pesos disponibles.

La solución fue simple y práctica:
emitir instrumentos propios, expresados en pesos, para seguir funcionando.


1890: el primer gran sacudón

Un punto clave para entender esta historia es la crisis de 1890, conocida como la crisis del Baring Brothers.

¿Qué fue la crisis del Baring Brothers?

El banco británico Baring Brothers era uno de los principales financiadores de la Argentina a fines del siglo XIX.
En 1890, el país no pudo cumplir con sus compromisos de deuda externa, lo que puso al banco al borde de la quiebra y generó un escándalo financiero internacional.

En la Argentina, las consecuencias fueron inmediatas:

  • se cortó el crédito externo
  • colapsaron o se debilitaron bancos locales
  • desapareció el efectivo de la circulación
  • el Estado quedó sin financiamiento

Desde ese momento, muchas provincias comenzaron a emitir letras de forma recurrente para poder pagar sueldos y sostener la administración.


 

Cada provincia, su letra

No existía un modelo único:

  • distintos diseños
  • distintos valores en pesos
  • distintos plazos y condiciones

Pero una misma lógica:
👉 seguir pagando cuando la moneda nacional no alcanzaba

Mendoza, Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, San Juan, Tucumán y muchas otras provincias recurrieron a este mecanismo durante años.


Los años 80: el capítulo que casi nadie recuerda

Entre el 1900 y el 2001 hubo otro momento clave que suele quedar olvidado.

Durante los años 80, y especialmente en la hiperinflación de 1989–1990, la moneda argentina era el austral.
Y otra vez apareció el mismo problema:

  • inflación descontrolada
  • escasez de efectivo
  • provincias sin acceso al crédito

La respuesta volvió a ser conocida:
bonos provinciales emitidos en australes, usados para pagar salarios y proveedores.

Algunos instrumentos como los BOCADE nacieron en esta etapa, mucho antes del 2001.

No fue una improvisación.
Fue una solución ya conocida.


 

 

 

Tres épocas, la misma receta

Si miramos todo el recorrido, el patrón es claro:

  • 1900 → Letras provinciales en pesos
  • Años 80 → Bonos provinciales en australes
  • 2001 → Cuasimonedas provinciales en pesos

Cambian los nombres.
Cambian los diseños.
Cambia la moneda.

👉 El problema es siempre el mismo.


Lo que estas piezas nos cuentan hoy

Estas letras y bonos no son rarezas:

  • muestran cómo funcionó la economía real
  • explican cómo reaccionaron las provincias ante las crisis
  • ayudan a entender por qué el 2001 no fue algo “nunca visto”

Son historia monetaria argentina en papel.

La próxima vez que veas un Patacón, pensá esto:
Argentina ya había emitido dinero provincial —en pesos y en australes— mucho antes de que esa palabra existiera.

No fue una locura aislada.
Fue historia repitiéndose.