A comienzos del siglo XX, durante el período de la Caja de Conversión, el peso moneda nacional tenía un valor estable y estaba respaldado por oro. La ley de 1881 y su reafirmación en 1899 fijaron que 1 peso equivalía a 1,44 gramos de oro fino (Cortes Conde; Ferreres; BCRA, Historia del Peso Moneda Nacional). Esto significa que un billete de 500 pesosrepresentaba 720 gramos de oro, una suma considerable para la época y una verdadera reserva de valor en un momento de fuerte expansión económica.
Para comprender qué significaba realmente poseer 500 pesos, basta observar los precios de la tierra. En zonas rurales no pampeanas, la hectárea costaba entre 10 y 20 pesos (Hora, Historia Económica de la Argentina; Cibotti; Anuarios del Ministerio de Agricultura 1895–1914). Eso implicaba que con 500 pesos se podían adquirir 25 a 50 hectáreas de campo. Incluso en la codiciada Pampa Húmeda, donde una hectárea podía valer entre 50 y 150 pesos (Academia Nacional de la Historia, series 1870–1914), la suma alcanzaba para 4 a 10 hectáreas, una extensión nada despreciable.
El ganado también ofrece una buena referencia del poder adquisitivo. Según los registros de la Sociedad Rural Argentina (Anales y Anuarios 1900–1914) y las series ganaderas relevadas por Ferreres y Cortes Conde, una vaca adulta costaba 20–25 pesos, un toro entre 50 y 80 pesos y un caballo de trabajo 15–30 pesos. Por lo tanto, 500 pesos podían equivaler a 20–25 vacas, 6–10 toros o alrededor de 20–30 caballos. En un país agroexportador, estas cantidades tenían un impacto económico enorme.
En relación con los salarios, los estudios de Germani, del Ministerio de Trabajo (1913) y de Jeffrey Williamson sobre salarios reales muestran que un peón rural ganaba 20–25 pesos mensuales, es decir, unos 250–300 pesos anuales, mientras que un maestro o empleado administrativo percibía 45–75 pesos al mes, equivalentes a 500–900 pesos al año. Por lo tanto, 500 pesos representaban el ingreso anual completo de un trabajador calificado o casi dos años de salario de un peón.
Incluso los viajes internacionales permiten dimensionar esta cifra. Las tarifas transatlánticas hacia Italia, Francia o España rondaban entre 150 y 250 pesos (tarifarios de Lloyd Italiano, Navigazione Generale Italiana y Compagnie Générale Transatlantique, publicados en La Prensa y La Nación; Devoto, Historia de la Inmigración en la Argentina). Con 500 pesos un argentino podía pagar dos pasajes de ida y vuelta a Europa, más varios meses de gastos básicos.
La vivienda y el comercio también ofrecen parámetros útiles. Los anuarios comerciales de Buenos Aires (Peuser 1900–1914) y los avisos de venta en La Nación y Caras y Caretas muestran que una casa sencilla en barrios no céntricos costaba entre 800 y 1.200 pesos, mientras que el capital necesario para abrir una mercería, un almacén o un comercio pequeño se situaba entre 300 y 600 pesos. En consecuencia, 500 pesos permitían abrir un negocio completo o cubrir una parte significativa del valor de una vivienda urbana.
En síntesis, un billete de 500 pesos en tiempos de la Caja de Conversión equivalía a un auténtico capital: podía transformarse en tierras, ganado, salario anual, viaje a Europa o comercio propio. No era un billete destinado al uso cotidiano, sino una herramienta de ahorro, inversión y movilidad económica, cuyo respaldo en oro y el contexto de crecimiento del país lo convertían en uno de los billetes de mayor poder real en la historia monetaria argentina.
